El dominio es lo que hace que tu correo llegue y que tu web exista. Cuesta unos dólares al año y, en un número asombroso de empresas, está registrado a nombre del sobrino que montó la web en 2014, con una tarjeta caducada y una dirección de correo a la que nadie accede.
El día que eso estalla, la empresa se queda sin correo y sin web a la vez, y recuperarlo puede llevar semanas.
Lo primero: quién es el titular
Esta semana, comprueba tres cosas en el panel de tu registrador:
- El titular es la empresa, con su denominación legal, no una persona física ni la agencia que hizo la web.
- El correo de contacto administrativo es una dirección que alguien lee, y que no está en el propio dominio. Si el dominio se cae, el aviso no te llegaría.
- La renovación automática está activa y la tarjeta asociada es válida.
Y el acceso al panel, en el gestor de contraseñas de la empresa con segundo factor. Quien controla el DNS puede redirigir tu correo entero a otro sitio.
Los registros que importan
No hace falta ser administrador de sistemas, pero sí reconocerlos cuando alguien los mencione:
- A y AAAA: apuntan un nombre a una dirección IP. Es lo que lleva a tu web a tu servidor.
- CNAME: un alias de otro nombre. Típico para
wwwo para servicios externos. - MX: a qué servidor va tu correo entrante. Si están mal, no recibes nada.
- TXT: texto libre, y ahí viven los tres que deciden si tu correo llega o acaba en spam.
SPF, DKIM y DMARC, en una frase cada uno
Los tres responden a la misma pregunta desde ángulos distintos: ¿este correo que dice venir de tu dominio viene de verdad de tu dominio?
- SPF declara qué servidores pueden enviar en tu nombre.
- DKIM firma criptográficamente los correos salientes, para que el receptor verifique que nadie los alteró.
- DMARC dice qué hacer con lo que no pasa los anteriores, y pide informes de quién está intentando suplantarte.
Hay que configurarlos aunque tu correo esté en un proveedor externo; ellos te dan los valores, pero ponerlos en el DNS es cosa tuya. Sin ellos, falsificar un correo con tu dominio es trivial, y esa es la base de el fraude que sí le llega a una pyme.
Un detalle que rompe muchos envíos: el SPF tiene que incluir todo lo que manda correo en tu nombre. El proveedor de correo, sí, pero también la herramienta de boletines, el ERP que emite facturas y el formulario de la web. Es la causa número uno de «los correos del sistema no llegan».
El TTL, por si algún día migras
Cada registro lleva un tiempo de vida que indica cuánto lo cachean los demás servidores. Si es de 24 horas y cambias algo, hay quien seguirá viendo el valor viejo durante un día entero.
La regla práctica: unos días antes de una migración, baja el TTL a cinco minutos. Haces el cambio, compruebas que todo va, y lo vuelves a subir. Es el truco que convierte una migración de correo de un fin de semana tenso a un par de horas.
Los subdominios y el certificado
Cada servicio que autoalojes va a querer su nombre: nube.tuempresa.com, erp.tuempresa.com. Es gratis crearlos y ordena mucho.
Dos consejos. Que el nombre describa el servicio y no el producto: erp. sobrevive a un cambio de ERP, odoo. no. Y que cada subdominio nuevo entre en la lista de renovación de certificados, porque un subdominio con el certificado caducado da un aviso de seguridad que asusta a cualquiera.
La comprobación de hoy
Mira cuándo caduca tu dominio y quién figura como titular. Si algo de las dos respuestas te sorprende, arréglalo esta semana. Es media hora y es de las cosas más baratas que puedes hacer por la continuidad de tu empresa.
