La web corporativa con WordPress sin acabar con cuarenta plugins

Equipo Divergentes Media

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Casi todas las webs corporativas de pyme que acaban dando problemas tienen la misma historia. Se montó con WordPress hace cinco años, cada necesidad se resolvió instalando un plugin, y hoy hay treinta y ocho activos, cuatro de ellos sin actualizar desde 2021.

Esa web va lenta, es difícil de actualizar y es la vía de entrada más probable a tu servidor. Y no es culpa de WordPress.

Por qué WordPress sigue siendo buena elección

  • Es software libre, con licencia GPL. Tu web es tuya y puedes llevártela.
  • Cualquiera puede editar el contenido sin tocar código, que es exactamente lo que necesita una empresa para no depender de nadie para cambiar un teléfono.
  • Hay muchísima gente que sabe mantenerlo. Si tu proveedor desaparece, encuentras otro en una semana. Con un desarrollo a medida, no.
  • Se puede alojar en cualquier sitio, desde un hosting compartido de pocos dólares hasta tu propio VPS.

Ese tercer punto es el que más subestiman las empresas al elegir tecnología para su web, y el que más caro sale.

La regla de los plugins

Cada plugin es código de un tercero con acceso completo a tu web. Antes de instalar uno, cuatro preguntas:

  • ¿Cuándo se actualizó por última vez? Más de un año sin tocar, descártalo.
  • ¿Cuánta gente lo usa? Algo con cientos de miles de instalaciones recibe escrutinio; algo con doscientas, no.
  • ¿Resuelve un problema real o uno imaginado? «Por si acaso» no es un motivo.
  • ¿Se puede hacer sin él? Muchas cosas que se instalan como plugin son tres líneas en el tema o ya vienen en el núcleo.

Y una regla de higiene: los plugins desactivados también se actualizan o se borran. Un plugin desactivado sigue siendo código en tu servidor y se ha explotado más de una vez.

Lo que sí necesita una web corporativa

Una lista corta cubre el noventa por ciento de los casos:

  • Un tema decente, a ser posible de bloques, sin constructor visual pesado encima.
  • SEO básico. Un plugin, no tres.
  • Formulario de contacto con protección antispam.
  • Caché, que es lo que más se nota en velocidad.
  • Copias automáticas a un destino externo.
  • Analítica respetuosa, y ahí está Matomo.

Seis. Si tu web tiene treinta, la mitad sobran.

Los constructores visuales

Merecen párrafo aparte porque son el compromiso más grande que se asume sin pensarlo.

Facilitan mucho el diseño sin tocar código. A cambio, guardan el contenido en su propio formato: el día que desinstalas el constructor, tus páginas quedan llenas de códigos sueltos. Es una forma de dependencia dentro de una herramienta libre.

El editor de bloques del núcleo ha mejorado hasta el punto de que, para una web corporativa de quince páginas, suele bastar. Y su contenido es HTML estándar.

El mantenimiento, que es donde falla

Una web de empresa necesita una hora al mes de alguien con nombre. Actualizar núcleo y plugins, comprobar que la copia se hizo, mirar que no haya usuarios administradores que sobren.

Si nadie dentro puede asumirlo, contrátalo. Es barato comparado con rehacer la web después de un incidente, y encaja en la misma rutina de actualizaciones que el resto de tus sistemas.

Ah, y revisa quién es el titular del dominio mientras estás en ello. Es la otra pieza que casi nunca está donde debería.

Quién escribe esto

El equipo de Divergentes Media, consultora salvadoreña de software libre. Implantamos ERP, facturación electrónica y sistemas de gestión para empresas de Centroamérica, y escribimos aquí lo que aprendemos haciéndolo. Cómo evaluamos el software y qué intereses declaramos.

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