«Software libre» y «gratis» no son lo mismo, y «de código abierto» tampoco es exactamente lo mismo que «software libre». Para una empresa estas distinciones parecen academicismo hasta el día que importan, y entonces importan mucho.
Este artículo traduce las licencias a lo único que le interesa a quien dirige una empresa: qué puedes hacer, qué te obliga a hacer y dónde está la trampa.
Las dos familias
Permisivas: MIT, Apache, BSD
Haz lo que quieras. Úsalo, modifícalo, véndelo, mételo dentro de un producto tuyo cerrado. La única obligación seria es mantener el aviso de autoría.
Para una empresa que solo usa el programa, no hay nada que pensar. Para una que desarrolla producto encima, son las más cómodas.
Con copyleft: GPL, LGPL, AGPL
Puedes usarlo y modificarlo igual, pero si distribuyes tu versión modificada, tienes que publicar también el código de esa versión con la misma licencia. La idea es que las mejoras vuelvan a la comunidad.
La palabra clave es distribuyes. Usarlo dentro de tu empresa no es distribuirlo. Esto tranquiliza al noventa y nueve por cien de las pymes: si solo usas el programa, el copyleft no te obliga a nada.
La diferencia que sí puede afectarte: AGPL
La AGPL cierra un hueco de la GPL. Con GPL, si modificas un programa y lo ofreces por internet como servicio sin entregar copias, técnicamente no lo estás distribuyendo y no tienes que publicar nada. La AGPL dice que ofrecerlo por red cuenta como distribución.
Traducido a casos reales:
- Montas Nextcloud (AGPL) para tu equipo. Sin problema, aunque lo modifiques. Tu equipo no es «el público».
- Montas Nextcloud modificado y se lo ofreces a tus clientes como servicio. Aquí sí: tienes que poner a disposición tus modificaciones.
- Usas Nextcloud sin tocar el código, para clientes. No hay modificaciones que publicar, así que no hay obligación nueva.
Si tu negocio es ofrecer software como servicio a terceros, la AGPL merece una conversación con alguien que sepa de licencias. Si tu empresa solo usa herramientas internamente, no cambia nada.
La trampa de verdad: el «núcleo abierto»
Aquí es donde las empresas se llevan los disgustos, y no tiene nada que ver con las obligaciones legales.
Muchos productos se presentan como «de código abierto» y lo son: tienen una edición libre real. Pero la edición libre está deliberadamente incompleta, y las funciones que una empresa acaba necesitando están en la de pago. Es un modelo de negocio legítimo —Odoo lo usa, y lo decimos en su ficha— pero hay que entrar sabiéndolo.
La pregunta que hay que hacerse no es «¿es libre?». Es «¿la edición libre cubre lo que necesito, o voy a acabar pagando igual?». Y conviene responderla antes de migrar, no después.
Cuatro señales de alarma
Cuando evalúes un programa que se anuncia como libre:
- No dice la licencia con nombre y apellido. «Open source» a secas no es una licencia. Busca «MIT», «GPLv3», «AGPLv3». Si no aparece en ningún sitio visible, mal empezamos.
- Una sola empresa lo controla todo y exige ceder los derechos de lo que contribuyas. Eso les permite cambiar la licencia mañana. Ha pasado varias veces en los últimos años.
- La comparativa entre ediciones es difícil de encontrar. Cuando la tabla «Community vs Enterprise» está escondida, suele ser porque la columna de la izquierda decepciona.
- Licencias inventadas por el fabricante con nombres que suenan a libre. Si la licencia no está en las listas reconocidas, no des nada por hecho.
Lo que de verdad te protege
Más allá del texto legal, lo que hace que un programa libre sea una apuesta segura para una empresa es que alguien más que el fabricante pueda mantenerlo.
Mira si hay varias empresas dando soporte, si la comunidad publica correcciones cuando el fabricante tarda, y si existe alguna bifurcación viva del proyecto. Eso es lo que convierte la licencia en libertad real: si mañana el fabricante sube el precio o cierra, tú puedes cambiar de proveedor sin cambiar de sistema.
Esa opción no vale nada hasta el día que vale todo. Es, en el fondo, lo mismo que explicamos en cuánto cuesta de verdad el software libre: no estás comprando gratis, estás comprando no depender.
